Iglesia mundial · 11 de octubre de 2026
El Papa León XIV otorga la Medalla Pío XI a la profesora Karin Öberg de Harvard
El Papa León XIV entregó la prestigiosa Medalla Pío XI a la profesora Karin Öberg, investigadora del Universidad de Harvard. La ceremonia de entrega tuvo lugar el veinticuatro de septiembre durante una audiencia del Santo Padre con los miembros de la Pontificia Academia de Ciencias. Esta distinción se concede a científicos destacados que no han cumplido los cuarenta y cinco años de edad y que demuestran un potencial de investigación excepcional. Entre los ganadores históricos de esta medalla se encuentran premios Nobel y el físico Stephen Hawking.
La profesora Öberg dirige el Laboratorio de Astroquímica en el Centro de Astrofísica Harvard-Smithsonian. Su trabajo diario se centra en los procesos químicos que acompañan la formación de planetas y en el estudio de las condiciones que favorecen el desarrollo de la vida en el espacio. Además de sus logros académicos, la investigadora ha captado la atención del público por su trayectoria personal. Ella habla abiertamente sobre su conversión al catolicismo y explica cómo la búsqueda de la verdad científica la llevó directamente al descubrimiento de la fe.
Según sus propias palabras, el momento clave en este camino fue reconocer las limitaciones de una visión del mundo puramente materialista. Al analizar el mundo que la rodea, llegó a la conclusión de que existen hechos que el ateísmo por sí solo no puede explicar, como el realismo moral, que implica la existencia objetiva del bien y del mal. La lectura de las obras del escritor británico C.S. Lewis se convirtió en un importante impulso intelectual para ella, ya que consideró sus argumentos muy coherentes con los datos recopilados sobre el mundo. Para la profesora sueca, aceptar la fe a nivel intelectual fue solo el comienzo. El verdadero desafío resultó ser construir una relación personal con Dios y vivir el amor a diario.
En sus numerosas declaraciones, la investigadora subraya la frontera entre la ciencia y la religión. Señala que el método científico no sirve para demostrar ni refutar la existencia de Dios. Sin embargo, la ciencia nos permite admirar lo extraordinariamente comprensible y ordenado que es el universo por sus leyes, algo que no debe darse por sentado. El asombro ante la belleza del cosmos hace que la profesora Öberg vea en la ciencia y la fe dos caminos complementarios. También se sintió rápidamente identificada con la tradición dominica, señalando a santo Tomás de Aquino como un modelo de genia al unir razón y fe.
La investigadora no tiene inconveniente en declarar su fe católica en la universidad, aunque prefiere invitar al diálogo abierto en lugar de predicar sermones. El reconocimiento a su labor también generó una ola de alegría en su Suecia natal, donde su hermano, Erik Öberg, expresó públicamente su enorme orgullo por el éxito de su hermana.