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Iglesia mundial · 26 de septiembre de 2026

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Papa Francisco: El progreso científico y técnico no compite con Dios, sino que es señal de su grandeza

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Andres F. Uran / Unsplash

El Papa Francisco ofreció su audiencia general el miércoles 23 de septiembre de 2026 en la Plaza de San Pedro, donde continuó su reflexión semanal sobre el documento del Concilio Vaticano II "Gaudium et Spes". En su catequesis abordó el tercer capítulo del primer período, titulado "La actividad humana en el cosmos", y planteó la pregunta central: ¿qué valor tiene la actividad humana en el mundo y, por ende, qué valor tiene el progreso técnico, social y científico? Recordó que, menos de cuatro años después de concluir el concilio, el 20 y 21 de julio de 1969 la humanidad pisó la Luna por primera vez.

El Papa explicó que el ser humano, creado a imagen y semejanza de Dios, es artífice del progreso. Gracias a la libertad y la inteligencia que le dio Dios, amplía sus conocimientos y contribuye al avance de toda la sociedad. La documentación del concilio afirma que "muchas bendiciones que antes el hombre esperaba de fuerzas superiores ahora las obtiene por sus propios esfuerzos y capacidades".

Algunos pensadores han presentado el progreso científico y técnico como algo que debilita la relación con Dios, llegando a considerarlo innecesario o incluso contrario al cristianismo. Esta visión, según el Papa, surge en sectores de la cultura occidental que han perdido la referencia al revelación cristiana. En esas corrientes post‑cristianas el hombre y Dios se presentan como rivales; para demostrar su saber y libertad, el hombre se cree obligado a liberarse de Dios, lo que termina por negar la dignidad del ser humano. El Papa citó a Henri de Lubac, uno de los teólogos más destacados del concilio, al describir esta situación como la "tragedia de la corriente humanista atea".

El documento "Gaudium et Spes" responde con claridad: "Para los creyentes, hay algo seguro", dice el texto, "la actividad humana individual y colectiva, ese enorme esfuerzo que la humanidad ha realizado durante siglos para mejorar sus condiciones de vida, está en sí misma conforme a los designios de Dios". Además, el concilio asegura que los cristianos no deben ver los logros de la genialidad humana como competencia con la capacidad divina, sino como señal de la grandeza de Dios y de su providencia.

El Papa subrayó que la humanidad, junto con su trabajo y progreso, no se anula al encontrarse con Dios; al contrario, se integra plenamente en Cristo, manteniendo su libertad y su capacidad de acción. En la Eucaristía, la fruta del trabajo humano, pan y vino, se ofrece en el altar y se transforma en Cuerpo y Sangre de Cristo, mostrando que la vida cotidiana puede ser santificada.

Finalmente, el Papa recordó que el progreso técnico y científico debe estar orientado por la solidaridad y la justicia, especialmente para los más pobres. Invocó al Concilio para que los cristianos compartan "el pan del conocimiento y la capacidad de trabajar", de modo que cada persona y cada pueblo puedan desarrollar sus potenciales y construir, con la ayuda de Dios, un futuro mejor.