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Iglesia mundial · 1 de noviembre de 2026

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La liturgia celebra la festividad de Todos los Santos

A narrow dirt path between brick and ivy walls
T / Unsplash

La Iglesia celebra la festividad de Todos los Santos, honrando a hombres, mujeres, niños y jóvenes de todas las épocas que aceptaron el Evangelio y lo testificaron en sus vidas.

Esta celebración incluye tanto a los santos conocidos como a los desconocidos. Estos últimos no aparecen en el calendario litúrgico debido a que sus nombres, rostros e historias son desconocidos, aunque se reconoce que brillan en el cielo de Dios y actúan como intercesores ante el Señor durante el camino terrenal.

Según las lecturas evangélicas, los santos vivieron las Bienaventuranzas, caracterizándose por ser pobres, misericordiosos, pacíficos, sinceros y capaces de perdonar y amar. En situaciones de persecución, donde fueron maltratados, ofendidos e injustamente atormentados, prefirieron la muerte antes que traicionar su fidelidad al Señor.

La santidad se describe como un don de Dios que es posible para todos, no requiriendo actos extraordinarios, milagros o dones excepcionales. El camino hacia la santidad implica escuchar a Jesús y seguirlo sin desanimarse ante las dificultades. Las biografías de los santos muestran que algunos enfrentaron sufrimientos indescriptibles, persecuciones y martirio al ser obedientes a los designios divinos.

En las lecturas bíblicas, el libro del Apocalipsis menciona a un grupo de 144,000 personas selladas de todas las tribus de los hijos de Israel. Asimismo, se describe una multitud incontable de todas las naciones, lenguas y pueblos que visten ropas blancas y sostienen ramas de palma ante el trono y el Cordero, habiendo superado una gran tribulación.

La enseñanza litúrgica enfatiza que los santos aceptaron la identidad de ser hijos de Dios y se dejaron llenar por el amor misericordioso del Padre. Se sostiene que la santidad requiere un trabajo constante y que el mundo no reconoce a quienes siguen este camino porque no conoció a Dios.