Iglesia mundial · 19 de septiembre de 2026
La Fraternité Sacerdotale St-Pierre defiende el uso del latín en la liturgia
La Fraternité Sacerdotale St-Pierre celebra misas y oficios utilizando exclusivamente el latín en la basílica Notre-Dame de Fribourg. Esta práctica se realiza según el rito antiguo, el cual cuenta con una asistencia creciente tanto en las dos misas dominicales como en los diez oficios semanales.
La Fraternité Sacerdotale St-Pierre es una sociedad clérical de vida apostólica de derecho pontifical. Fue fundada en 1988 por sacerdotes provenientes de la Fraternité Saint-Pie X que decidieron mantener la comunión plena con Roma tras las consagraciones episcopales realizadas por Monseñor Lefebvre sin mandato pontifical. Al momento de su creación, Roma otorgó explícitamente a la organización el uso de los libros litúrgicos de 1962.
Para el clero de esta sociedad, el latín funciona como una lengua sagrada destinada a dirigirse a Dios, comparando su uso con los ornamentos litúrgicos que diferencian la misa de las actividades cotidianas profanas. Se argumenta que el idioma vincula a los fieles con 1500 años de prácticas litúrgicas de la Iglesia romana latina, estableciendo una comunión diacrónica con quienes precedieron a los creyentes actuales.
Aunque pocos fieles comprenden el idioma, se utilizan misales con traducciones simultáneas al francés y herramientas digitales para facilitar la participación. El evangelio es leído en francés después de ser cantado en latín para asegurar la comprensión del mensaje antes del sermón. Se sostiene que la liturgia también se percibe de manera sensorial y que el latín ayuda a crear una atmósfera sagrada que trasciende la comprensión formal.
Se destaca que el latín, al ser una lengua muerta, no evoluciona, lo que aporta precisión a las nociones teológicas y las oraciones frente a las lenguas vernáculas que cambian rápidamente. Asimismo, se menciona que el decreto sobre la liturgia del Concilio Vaticano II mantiene al latín como la lengua litúrgica y al gregoriano como la música de la Iglesia, aunque permitió dar más espacio a las lenguas vernáculas.
Desde una perspectiva histórica, se señala que el latín no ha sido la única lengua de la Iglesia católica, ya que las Iglesias orientales utilizan el griego, el copto o el syriaque. En el primer siglo, el cristianismo era plurilingüe y en Roma se utilizaba principalmente el griego. El latín se convirtió en la lengua de la liturgia romana a principios del siglo cuarto porque era el idioma hablado habitualmente, transformándose posteriormente en una lengua de tradición durante la Alta Edad Media.