Iglesia mundial · 7 de octubre de 2026
El legado de San Francisco inspira al Iglesia a buscar nuevas rutas
La Iglesia enfrenta el desafío de determinar si posee la valentía necesaria para buscar nuevas rutas, según las reflexiones del hermano Markus Fuhrmann, quien es el provincial de los franciscanos alemanes.
El hermano Markus Fuhrmann sostiene que la Iglesia puede perder de vista la pregunta fundamental sobre si realmente vive desde la fe y mantiene una relación con Jesús, debido a que actualmente dedica mucha energía a la organización, los problemas de personal y la lucha contra los escándalos. Aunque reconoce la importancia de estos asuntos, advierte que pueden eclipsar el objetivo al que deben servir. En su opinión, la institución requiere un renacimiento espiritual, una mayor apertura a la diversidad y el valor para explorar nuevas formas de acción.
Al cumplirse 800 años de la muerte de San Francisco, quien falleció el 3 de octubre de 1226, su modo de vida sigue siendo una fuente de inspiración. El hermano Markus explica que la fuerza de San Francisco residía en combinar el retorno a las fuentes del cristianismo con la disposición a buscar soluciones nuevas. El santo no utilizó palabras para criticar las estructuras eclesiásticas de su tiempo, sino que mostró una alternativa viviendo de manera diferente, eligiendo la pobreza y evitando vincularse permanentemente a un solo lugar.
Sobre la espiritualidad franciscana, el provincial advierte que no debe reducirse únicamente a la ecología, aunque el cuidado de la creación sea un aspecto conocido. El punto de partida es Cristo, y la preocupación por la naturaleza surge de la convicción de que todo proviene de Dios. No obstante, aclara que San Francisco no identificaba a Dios con la naturaleza, sino que lo veía como alguien distinto que trasciende la creación.
El hermano Markus reflexiona también sobre la humanidad de San Francisco, señalando que el santo tuvo que lidiar con las limitaciones de sus propios ideales cuando su comunidad comenzó a adoptar formas institucionales y requirió compromisos. Esta experiencia sirve como ejemplo para la Iglesia actual, marcada por disputas y polarización, sugiriendo que es posible permanecer fiel al bien sin caer en el fundamentalismo y manteniendo la apertura hacia los demás.