Cultura e ideas · 5 de octubre de 2026
También publicado en العربية
La tecnología digital transforma la cultura de oración católica
La tecnología digital está penetrando en la vida cotidiana de los católicos, cambiando la forma en que practican la oración y acceden a contenidos devocionales.
El bispo Dom Edson Oriolo de la Iglesia Particular de Leopoldina MG señala que la ciencia y la tecnología se relacionan, y que la tecnología digital atraviesa todas las dimensiones de la existencia humana, desde el intelecto hasta el trabajo, el ocio y la política.
Según el sociólogo español Manuel Castells, la cultura digital se define por la habilidad de comunicar y mezclar cualquier producto basado en lenguaje digital, la capacidad de comunicarse del local al global en tiempo real, la coexistencia de múltiples modalidades comunicativas, la interconexión de redes digitalizadas y bancos de datos, la reconfiguración constante de sentidos y la constitución de una red de conocimientos sin fronteras.
Oriolo afirma que la cultura digital se infiltra silenciosamente en la vida de los fieles, convirtiéndose en una nueva fuente de recursos para alimentar y solidificar la vida espiritual en la era de la información.
El artículo destaca que la expansión de información y contenidos devocionales en el entorno digital exige a la Iglesia un itinerario de formación espiritual que promueva el discernimiento y la conciencia crítica frente al escenario religioso.
La cultura de oración católica, según Oriolo, se basa en la búsqueda sincera de una experiencia de Dios a través de Jesucristo y el Espíritu Santo, sustentada en el enseñamiento apostólico, la liturgia, los sacramentos, la devoción mariana y la participación activa en las comunidades parroquiales.
El bispo concluye que la tecnología digital puede y debe ser una aliada de la cultura de oración, facilitando el acceso a lecturas diarias, promoviendo redes de intercesión y conectando comunidades fieles, siempre que se utilice como medio para conducir al esencial.
Para que la transformación sea fructífera, la Iglesia debe acompañar los cambios y ofrecer múltiples oportunidades de aprendizaje y evangelización, manteniendo la identidad auténtica de la experiencia cristiana y el compromiso comunitario con el Evangelio.