Iglesia mundial · 16 de octubre de 2026
El Círio de Nazaré reúne a una multitud en Belén para caminar con María hacia Jesús
Una multitud de fieles salió de sus hogares en la madrugada del domingo once de octubre para participar en el Círio de Nazaré en Belén, estado de Pará. Los peregrinos sostuvieron la cuerda procesional y caminaron durante horas bajo el sol o la lluvia acompañando la imagen de Nuestra Señora de Nazaré. Este evento anual representa una manifestación masiva de fe donde el pueblo paraense recuerda a todo Brasil que la vida cristiana es un camino continuo.
La tradición histórica relata que un caboclo llamado Plácido encontró una pequeña imagen de la Virgen María a las orillas de un arroyo, lo que dio origen a la primera procesión en el año mil setecientos noventa y tres. Más de dos siglos después, en dos mil trece, la fiesta fue reconocida por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Sin embargo, lo que sostiene realmente esta celebración no es el título oficial, sino las promesas hechas en momentos de dolor, las gracias recibidas, las curaciones de hijos, la obtención de trabajo y la reconciliación de familias.
La motivación central del pueblo al salir a las calles radica en tener algo que agradecer y algo que pedir. Esta expresión se describe como una fe viva que la Iglesia debe reconocer con respeto y escuchar con atención, pues es a menudo en esta devoción popular donde Dios enseña a orar. La figura de María no guarda la devoción para sí misma, sino que actúa como intercesora que lleva las necesidades a Jesús, tal como se narra en el Evangelio según san Juan respecto a las bodas de Caná. Su última palabra registrada en los Evangelios exhorta a los servidores a hacer todo lo que Jesús les diga, síntesis fundamental de la romería.
El significado teológico del evento se profundiza en la obediencia de María, descrita en el Evangelio según san Lucas como una libertad de quien sabe en quién confía y no como servidumbre. Desde el momento en que Jesús la entregó como madre al discípulo a los pies de la cruz, ella camina con todos los creyentes. La procesión física tiene sentido únicamente si cada paso acerca a los participantes a Jesús y a su Palabra, siguiendo el ejemplo de quien aceptó que se hiciera en ella según la palabra divina.
Al finalizar la procesión y recogerse la cuerda, surge la interrogante sobre cómo continuar la experiencia espiritual cuando la ciudad retorna a su ritmo común. Se propone que la respuesta reside en prolongar el Círio convirtiendo la vida cotidiana en una romería de servicio, lo cual incluye visitar enfermos, buscar a quienes están solos, perdonar ofensas, participar en la comunidad y cuidar a la familia con mayor paciencia. Este enfoque imita la acción de María, quien partió apresuradamente hacia la casa de Isabel inmediatamente después de recibir el anuncio angelical, demostrando que quien acoge la Palabra no permanece estático.
Se extiende una bendición específica para los romeros y promesantes del estado de Pará, así como para los voluntarios y profesionales que prestan servicio durante la fiesta. La petición incluye protección para los enfermos y para quienes los cuidan, además de la gracia de ser un pueblo que escucha, perdona y se pone en camino. El objetivo final es que cada persona regrese a su hogar diferente de como salió, siendo un signo de esperanza en cualquier lugar donde se encuentre.