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Iglesia mundial · 15 de octubre de 2026

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Doce mil fieles celebran el Jubileo de Oro de la Renovación Carismática Católica en Indonesia

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Ilse Orsel / Unsplash

Doce mil fieles se congregaron en el Arena Indonesia, dentro del complejo Gelora Bung Karno, para participar en la Misa de Celebración Culminante del cincuentenario de la Renovación Carismática Católica en Indonesia. Durante este evento, el cardenal Ignatius Suharyo exhortó a los asistentes a transformar su experiencia de fe en una fuerza capaz de cambiar la vida cotidiana, promoviendo activamente la justicia y la paz en medio de la sociedad.

La celebración contó con la presencia de aproximadamente setenta y cinco sacerdotes, así como de varios obispos, entre ellos monseñor Fransiskus Tuaman Sasfo Sinaga, monseñor Adrianus Sunarko, monseñor Valentinus Saeng, monseñor Christophorus Tri Harsono, monseñor Petrus Boddeng Timang y monseñor Walter Erbi. También estuvo presente el nuncio apostólico del Vaticano en Indonesia. La reunión de estos pastores junto a miles de fieles expresó gratitud por un movimiento que comenzó en Yakarta y que ahora se ha extendido por diversas regiones del archipiélago.

En su homilía, el cardenal Suharyo invitó a recordar la obra divina que impulsó a líderes, sacerdotes, religiosos y laicos a iniciar y desarrollar esta corriente espiritual. Se expresó la esperanza de que los frutos de esta renovación no se limiten a experiencias personales, sino que crezcan dentro de las familias, las comunidades, las parroquias, las diócesis y toda la Iglesia Católica en el país. El prelado subrayó que conmemorar un largo trayecto no implica conformismo, sino que la renovación de la fe debe abrir caminos para una Iglesia cuya presencia y servicio sean cada vez más significativos para el mundo.

Basándose en la experiencia del apóstol Pablo, el cardenal afirmó que la evangelización no es simplemente resultado del entusiasmo o la iniciativa humana, sino que tiene sus raíces en el llamado de Dios y se desarrolla bajo la guía del Espíritu Santo. Señaló que Pablo enfrentó encarcelamiento, persecución, peligro de muerte y rechazo, pero su sufrimiento no apagó su espíritu, pues el Espíritu Santo fue su fuente de fortaleza para perseverar en la predicación del Evangelio. Esta reflexión se considera pertinente para la Renovación Carismática Católica al alcanzar su edad de oro, recordando que el ardor en la oración y la comunión debe generar valentía para dar testimonio en la vida diaria.

Un punto central de la homilía fue el relato de la visita del papa Juan Pablo II a Perú en mil novecientos ochenta y cinco. En aquella ocasión, tres personas de la comunidad indígena de los Andes formularon una crítica aguda sobre la experiencia de evangelización durante cinco siglos en América Latina. Cuestionaron una predicación religiosa que, según su vivencia, no había logrado traer amor, paz y justicia a una población que sufría opresión. Este episodio sirve como recordatorio de que la expansión de la identidad religiosa no garantiza automáticamente una vida justa y pacífica, pues los valores del Evangelio pueden ser conocidos sin penetrar realmente en las estructuras sociales.

El cardenal instó a la Iglesia en Indonesia a reflexionar sobre desafíos similares, advirtiendo que la evangelización no debe detenerse en formalidades religiosas o en el aumento de actividades eclesiásticas. La institución está llamada a encarnar los valores del Evangelio en la realidad concreta, respetando la dignidad humana, combatiendo la injusticia y fomentando genuinamente la paz. La medida verdadera de la renovación no es la magnitud de una fiesta ni la cantidad de personas reunidas en oración, sino la capacidad de la fe para transformar la convivencia humana. El mensaje final invitó a iniciar la renovación desde lo pequeño, permitiendo que el Espíritu Santo, recibido en los sacramentos del Bautismo y de la Confirmación, guíe cada paso en el cumplimiento de la misión.

La celebración del medio siglo de este movimiento representa una oportunidad para dar gracias y renovar compromisos, donde la oración, la alabanza y la experiencia del Espíritu Santo alcanzan su plenitud al producir vidas que reflejen el amor de Cristo. La evangelización auténtica busca hacer presente el poder transformador del Evangelio en la existencia real, construyendo una sociedad más justa, pacífica y digna.