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Iglesia mundial · 28 de septiembre de 2026

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El Papa León XIV llama a la humanidad a cultivar la tierra y la fraternidad en su discurso ante la UNESCO

a church with a christmas tree in front of it
İrfan Simsar / Unsplash

El Papa León XIV intervino ante la UNESCO en París el 25 de septiembre de 2026, recordando la larga colaboración entre la Santa Sede y la organización. Subrayó que la educación no basta con transmitir conocimientos, sino que debe ayudar a la persona a ser, no solo a tener. En su intervención planteó tres pilares esenciales: el ser humano nace como hijo o hija, está débil y necesita, y posee libertad que se manifiesta en la responsabilidad. Este dignidad persiste ante la enfermedad, la vejez, la discapacidad y la muerte. Citó la preámbulo del Estatuto de la UNESCO de 1945, que habla de la necesidad de proteger la paz para evitar que la guerra surja en la mente humana. Señaló que los pactos no bastan sin una cultura común y una voluntad compartida de paz. En su reflexión sobre la tecnología, advirtió que las máquinas son cada vez más descritas como inteligentes, mientras que los seres humanos son juzgados por su productividad y descartados como inútiles.

La inteligencia artificial maneja grandes volúmenes de datos, pero no puede responder sobre el sentido de la vida. Instó a que la tecnología siga sirviendo al ser humano y no se convierta en un instrumento de dominación. Resaltó la responsabilidad de proteger a niños y jóvenes en el entorno digital, elogiando la labor de la UNESCO en alfabetización mediática. Criticó la lógica del poder que impone unidad mediante la fuerza, comparándola con la caída de Babilonia, y la observó en la globalización sin fraternidad, en el colonialismo financiero y en la presión ideológica que reduce la vida a mercancía. Propuso una unidad que celebre las diferencias y las haga florecer en armonía, similar a la Pentecostés. Denunció el exceso de información que no conduce a la sabiduría y la forma en que la palabra, sin verdad, se somete a la lógica de la violencia.

Defendió la alfabetización mediática como cuestión de justicia social. Concluyó que solo hay una tierra para todos y una naturaleza humana común, y que la vida debe entenderse como un todo integrado de cuerpo, alma, relaciones y entorno. Defendió la cuidado de la creación y de los más vulnerables, entre ellos los no nacidos, las víctimas de la guerra, las personas con discapacidad, los ancianos, los migrantes y los considerados no productivos. Finalmente, pidió a la UNESCO que sea un espacio de encuentro donde la educación, la ciencia y la cultura ayuden a los pueblos a conocerse, superar miedos y sembrar en el presente un buen cosecho futuro.