Iglesia mundial · 25 de octubre de 2026
El Papa León XIV insta a las escuelas católicas a ser hogares de confianza para los jóvenes
El Papa León XIV exhortó el jueves 22 de octubre a que las escuelas y universidades católicas se conviertan en espacios donde los jóvenes se sientan amados y valorados, capacitándolos así para contribuir a la construcción de un mundo más justo y pacífico. Durante su intervención en el Congreso Internacional sobre el Cuidado Pastoral en las Instituciones Educativas, celebrado en el Vaticano, el pontífice subrayó la necesidad de que estos centros funcionen como verdaderos hogares familiares.
El evento, organizado por el Departamento de Cultura y Educación entre el 22 y el 23 de octubre, sirvió de plataforma para que el líder religioso abordara la situación emocional de la juventud contemporánea. El Papa observó que muchos jóvenes construyen armaduras a su alrededor para protegerse del sufrimiento, pero que bajo estas defensas ocultan un profundo deseo de dar y recibir amor. Instó a los educadores presentes a ayudar a los estudiantes a convertirse en protagonistas de una nueva forma de habitar el mundo, fomentando la fraternidad y la justicia social.
Una parte central del mensaje se centró en el concepto de confianza como fuente de valentía. El Papa recordó que la valentía nace de la certeza de que alguien cree en uno antes de que uno mismo pueda creer en sus propias capacidades. Ilustró este punto citando la elección de los doce apóstoles por parte de Jesús, señalando que no fueron seleccionados por ser intrépidos desde el inicio, sino porque fueron llamados y hechos dignos mediante la confianza depositada en ellos. Este enfoque se presenta como un antídoto necesario frente a una cultura descrita como cruel y obsesionada con el rendimiento, la cual compara y clasifica constantemente a las personas, a menudo de manera despiadada.
El pontífice advirtió que la comprensión errónea del talento falla al honrar la dignidad humana, lo que lleva a muchos jóvenes a rendirse antes incluso de intentar actuar. Señaló que la ansiedad actual entre la juventud proviene del miedo a cometer errores, a no ser suficientes, a ser malinterpretados o a no cumplir con las expectativas establecidas. Además, alertó sobre la presencia de falsos maestros y mensajes engañosos que prometen respuestas inmediatas a las preguntas profundas de los jóvenes, ofreciendo atajos que no conducen a la verdad.
En cuanto al entorno educativo, se enfatizó que las instituciones católicas deben ser lugares conocidos donde se espere a las personas y se les dé la bienvenida. El Papa describió un entorno ideal donde alguien mire a los ojos al estudiante, recuerde su nombre, note su ausencia y se alegre de su retorno. Reconoció que, lamentablemente, muchos estudiantes atraviesan los pasillos de estas instituciones sintiéndose anónimos. Aunque muchos alumnos destacan por su entusiasmo y espíritu de servicio, otros luchan contra angustias existenciales derivadas de familias dolorosas, la soledad digital, sentimientos de inadecuación o el temor a un futuro incierto.
Finalmente, el discurso concluyó con un llamado a educar el corazón. El Papa León XIV afirmó que el cuidado pastoral será tanto más fructífero cuanto más se centre en formar la sensibilidad humana. Explicó que es necesario enseñar al corazón a ser compasivo, agradecido y conmovido por el sufrimiento ajeno, orientándolo hacia la gloria divina. Actividades como el servicio a los pobres, el voluntariado y el cuidado de la creación no deben verse como meras actividades adicionales, sino como espacios esenciales donde el corazón aprende a expandirse. Se animó a los trabajadores de estas instituciones a acompañar a los jóvenes en su viaje hasta que descubran los dones que Dios ya ha depositado en ellos.