Misión y ayuda · 26 de septiembre de 2026
El micrófono de Dios que evangelizó a través de la radio y la televisión
Fulton J. Sheen fue un clérigo que utilizó los medios de comunicación masivos para difundir su mensaje religioso. Su labor se extendió desde el sacerdocio hasta la academia y la televisión, alcanzando una audiencia masiva durante el siglo veinte.
Tras obtener doctorados en filosofía y teología en Europa, Sheen trabajó como vicario en una parroquia pobre y posteriormente como profesor en la Catholic University of America durante veinticinco años. En este periodo, escribió más de la mitad de sus casi setenta libros. Su estilo de predicación se caracterizaba por no utilizar notas, gracias a una preparación exhaustiva y una gran memoria.
Su fama nacional surgió en las décadas de mil novecientos treinta y cuarenta mediante el programa de radio La Hora Católica, emitido por NBC Radio. En este espacio, abordó temas sociales y políticos, incluyendo la amenaza del comunismo, lo que motivó una investigación por parte del FBI. En mil novecientos cincuenta, asumió la dirección de la Obra de Propagación de la Fe y se trasladó a Nueva York, donde fue nombrado obispo auxiliar en mil novecientos cincuenta y uno.
El programa televisivo La Vida Vale la Pena, emitido entre mil novecientos cincuenta y dos y mil novecientos cincuenta y siete, le otorgó su mayor popularidad, con una audiencia estimada de aproximadamente treinta millones de personas. Por su labor, recibió un premio Emmy en mil novecientos cincuenta y tres. Los ingresos obtenidos por publicidad y libros se destinaban al apoyo de las misiones.
Como obispo de Rochester entre mil novecientos sesenta y seis y mil novecientos sesenta y nueve, participó en el Concilio Vaticano II y promovió reformas en la formación sacerdotal y la participación de los laicos. También se involucró en la ayuda a los pobres y en la oposición a la guerra de Vietnam. En mil novecientos sesenta y nueve, recibió el título de arzobispo por parte de Pablo VI.
Fulton J. Sheen falleció el nueve de diciembre de mil novecientos setenta y nueve en Nueva York a los ochenta y cinco años. Aunque su proceso de beatificación comenzó en dos mil dos y fue declarado Siervo de Dios en dos mil doce, la Santa Sede solicitó en dos mil diecinueve el aplazamiento de la ceremonia debido a disputas sobre el traslado de sus restos y cuestionamientos sobre la gestión de crisis relacionadas con abusos sexuales durante su etapa como obispo.